¿Iglesias ministro? Y otras sorpresas posibles

La verdad es que el hecho de que Pablo Iglesias logre la que parece ser la ambición de su vida y se haga con una cartera ministerial no es lo más importante que podría ocurrir, aunque sí sería, a mi juicio, un mal síntoma: es una figura que no casa en la fotografía que, según mi análisis, diseñaron los electores el pasado mes de abril y reiteraron en mayo. De hecho, Podemos ha perdido casi todo su poder territorial, si quitamos lo de Valencia, donde, en realidad, el triunfador ha sido el socialista Puig, y lo de Cádiz, donde ‘Kichi’ ha roto con la estructura de su partido.
Pienso que sería una torpeza, achacable aún más a la derecha que a Sánchez, salvar el cuello político de Iglesias haciéndole ministro. Todavía no logro descartar que Ciudadanos –tiene que leer a fondo Rivera los comentarios que la prensa le está dedicando estos días– o el PP varíen el rumbo, abandonen el ‘no es no’ y se pongan a negociar cosas sustanciales con el actual y próximo inquilino de La Moncloa. Suponiendo que al menos uno de los dos citados no esté ya telefónicamente en contacto con el hombre que les ganó las elecciones.
Luego, tras la investidura y la formación del Gobierno, llegarán las otras sorpresas posibles. Qué hacer con los políticos catalanes presos tras la llegada de la sentencia. Y, ya que estamos, cómo empezar a cimentar una ‘conllevanza’ sensata con Cataluña. Cómo hacer un país territorialmente más estable, económicamente más justo, ecológicamente más amable, administrativamente más simpático. Porque no basta con predicar el crecimiento, no bastan las grandes palabras: es precisa una España cuyos habitantes se sientan orgullosos de ser españoles, y eso no puede decirse hoy de todos los habitantes de esta magnífica nación. Ni es lo que han proclamado hasta ahora quienes se han erigido, con nuestros votos y con nuestros impuestos, en nuestros representantes: han vivido ajenos a la felicidad del ciudadano.
Yo, al menos, no les he votado para que hagan ministro a Pablo Iglesias. Ni pago impuestos para que anden todo el día en cambalaches municipales o autonómicos, juegos de tronos que suponen muy extraños e infieles compañeros de cama. Ni para que mantengan un país justiciero en lugar de justo. Aún estamos a tiempo. No nos fallen… más.
-Fernando Jáuregui-






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