Sánchez, un buen actor

En la amable entrevista que le hicieron en la Sexta inauguró un relato en el que de no haber sido testigos de su idilio durante tantos meses con Podemos (era el «socio preferente»), habríamos concluido que a Pablo Iglesias casi ni le conocía. Del mismo partido al que le había ofrecido en el mes de julio hacerse cargo de una vicepresidencia y tres ministerios llegó a decir sin parpadear que no habría podido dormir sí algún dirigente de Podemos hubiera sido ministro de Hacienda o Sanidad. El genuino Pedro Sánchez. El que no se corta un pelo diciendo hoy una cosa y mañana la contraria.
Todo vale porque juega con la ventaja de que sus rivales están mal políticamente hablando. En la derecha porque son tres partidos y comparecen divididos y a su izquierda porque el universo de Podemos se está descomponiendo. De Pablo Iglesias con quien meses atrás Sánchez firmó acuerdos importantes (entre otros el salario mínimo), insistió en que no era persona de quien uno pudiera fiarse. Jugando con la conocida desmemoria de la gente llegó a decir que la iniciativa de la moción de censura que tumbó a Rajoy y le instaló a él en La Moncloa había sido cosa del PSOE. Como si no supiera toda España que quien urdió la trama y aunó voluntades contrarias al Gobierno del Partido Popular fue Pablo Iglesias. En fin, como actor, Pedro Sánchez, no tiene ahora mismo rival sobre el escenario de la política nacional. Según apuntan los sociólogos, en nuestro país, alrededor de dos millones de votantes van por la vida escasos de ideología y dejándose guiar por las apariencias. Y están enganchados a la televisión. En eso confían los asesores de Sánchez que llevan meses trabajando en el guión del relato de las elecciones del 10 de Noviembre.
-Fermín Bocos-
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