Un «matón» al frente de Interior… ¡qué barbaridad!

Claro que no pretendo defender a Fernando Grande Marlaska, que sospecho que sabía a lo que se arriesgaba abandonando la toga y las puñetas por un asiento, nada menos que como responsable del orden, en el Consejo de Ministros: creo, de hecho, que una mayor mesura verbal del ministro ante lo ocurrido en la manifestación del pasado fin de semana, y algún tipo de condena expresa contra los ataques de ciertos energúmenos, hubiese sido altamente conveniente. Lo cual no quiere decir ni que fuese él quien alentó a los exaltados a la hora del ataque ni que haya sido cómplice de la agresión política y física contra Ciudadanos, contra lo que sugirió Inés Arrimadas, que llegó a pedir la dimisión del ministro por esta causa.
Claro que no hay aquí motivo de dimisión. Lo habría si fuesen ciertas algunas insinuaciones de que desde el Ministerio del Interior se filtró oportunamente una información falsa, según la cual la Jefatura de Policía de Madrid señalaba que los incidentes en la manifestación LGTBI no tuvieron la gravedad que Ciudadanos le achacó. Ignoro quién confeccionó ese documento, ni si su contenido no responde a la verdad; pero me parece que el ministro del Interior, nada menos, no puede ser objeto de sospechas de ese calibre y ha de desmentir cuanto antes cualquier sospecha de juego sucio. Algo que, en mi opinión, mucho chocaría en una trayectoria limpia como la de Fernando Grande Marlaska.
Que, por cierto, no puede tener una personalidad más alejada de la de un ‘matón’. Y eso, el ciudadano diputado castellano-manchego, antes parlamentario catalán, que lanzó tal calificativo sobre el ministro, lo sabe perfectamente. O debería saberlo, que no está la cosa como para dejarse llevar del descontrol verbal y de la irreflexión en estos momentos.
-Fernando Jáuregui-






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