Sancho Dávila presenta en el claustro de la Catedral el libro “Mi vida inventada”
En una tarde noche sin igual, desde el monacal claustro de la Santa y Apostólica Iglesia Catedral de la Encarnación, se llevó a cabo la presentación del libro “Mi vida inventada” del torero, ganadero, empresario, ingeniero agrónomo y duodécimo Conde de Villafuente Bermeja, Sancho Dávila Iriarte, organizada por el Foro Cultural 3 Taurinos 3, presidido por Juan Aguilera Martínez, con el objetivo de seguir fomentando la Cultura de la Tauromaquia.
El acto de presentación del autor del libro Sancho Dávila corrió a cargo del diestro Enrique Ponce, quien elogió e hizo una semblanza cubierta de exquisita sensibilidad fraternal hacia Sancho Dávila en sus distintos saberes profesionales, su maestría y torería, pero especialmente, en lo referente al ámbito personal por haber tenido una relación estrecha de amistad, redundando muy satisfactoriamente también en los ruedos al torear los toros de su ganadería en Sierra Morena de sangre Ybarra-Torrealta.
Sancho Dávila, visiblemente emocionado, explicó los motivos que le llevaron a dar forma a este libro que nació como consecuencia del confinamiento impuesto por las autoridades gubernativas y en el que el autor ha querido dejar constancia de los momentos que han marcado su trayectoria vital y recordar a personas que le han acompañado a lo largo de su dilatada vida profesional y personal, teniendo un especial recuerdo hacia su padre y hacia su hijo, prematuramente desaparecido, y que desde la “balconada del Cielo” nos estaría viendo, al igual, que otros difuntos fallecidos pertenecientes al Foro como Bernabé Puertas; aprovechando también sus páginas para plasmar sus reflexiones en torno a la fiesta de los toros y otras temas desde su impronta personal, cuyo cordón umbilical le viene de antaño de una gran familia de reconocido prestigio en todo el ámbito social.
El libro recoge en su narrativa historiográfica, junto a sus datos más íntimos biográficos, desde esa toma de alternativa el día 18 de marzo de 1969 en la plaza de toros de Valencia de manos de Antonio Ordóñez con Ángel Teruel de testigo, con la lidia de reses murubeñas de Fermín Bohórquez, con las intervenciones literarias de personajes de relieve del Arte de Cúchares como Fernando Salazar, Eduardo Dávila Miura, Federico Sánchez Aguilar, Santiago Arauz de Robles, Jesús Moreno, Pablo Jiménez Pasquau y Manuel Benítez «El Cordobés».
Concluyó, Sancho Dávila, quien también ha intervenido en retransmisiones televisivas y radiofónicas de las corridas de toros celebradas en toda la región de Andalucía y fuera de ella, que como torero tenía el patronímico de “Sancho Álvaro”, dedicó en su epílogo de la intervención a decir unas palabras sobre el futuro, la nueva savia de diestros, la problemática de la Fiesta Nacional, en fin, de aquellos aspectos que serán el devenir de esta gran pasión por el arte más genuino de España como es el mundo de los toros.
Entre los presentes, la Junta Directiva del Foro y más de un centenar de aficionados y amantes de la cultura, destacando al canónigo magistral y prefecto de pastoral del Cabildo de Canónigos, Juan José Martín Campos, al Presidente del Coso Taurino de la Avenida de Vílchez, Francisco Javier Torres Viedma, el expresidente de la Agrupación de Cofradías, Manuel Martínez Ramírez, el director de la Escuela Municipal Taurina, Ruiz Manuel, el triunfador del Circuito de Novilladas de Andalucía, Jorge Martínez, y miembros de la Asociación FOCOAL y de las Cofradías almerienses. La nota musical con la sublime voz de la flamencología la puso el profesor Antonio García “Niño de las Cuevas”, quien tras dedicar un sentido y hondo fandango a la Patrona, la Virgen del Mar, dedicó de forma sublime con otros palos al compás de la guitarra esa unión estrecha entre el ámbito del cante hondo con el mundo del toro y la espiritualidad de la religiosidad popular, y en este último sentido, como testimonio más palpable, el Foro Taurino, anualmente, colabora con la Casa de Nazaret y Cáritas diocesana de la parroquia de San Agustín, antiguo convento franciscano.
Fuente: Rafael Leopoldo Aguilera Martínez


