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Ningunear a la oposición

Lo ha contado Pablo Casado y cuesta creerlo: Pedro Sánchez lleva ya doce días sin llamarle. Enfrentándonos como estamos a la peor crisis sanitaria, social y económica por la que atraviesa España desde la Guerra Civil, ¿es lógico que el presidente del Gobierno no hable con el jefe de la oposición sí quiera fuese para ponerle al día de las medidas -algunas durísimas- que está tomando el Ejecutivo? Ya digo, cuesta creer que con España prácticamente confinada por el estado de Alarma no se produzca un contacto diario entre quién, llegado el caso -como ocurrió en la sesión extraordinaria del Congreso- aportó los votos del Partido Popular para convalidar el decreto que prorrogó la cuarentena y el resto de medidas asociadas.

Lo insólito de dicho proceder emplaza a buscar una explicación más allá de la ciencia política y empuja a adentrarse en el mundo del sectarismo, en éste caso de la mala influencia de sus socios de viaje de Podemos. En las últimas elecciones, con Pedro Sánchez como candidato, el PSOE obtuvo el peor resultado de su historia reciente. Por su parte, Podemos sólo consiguió 35 diputados. Todos sabemos cómo y con quien consiguió Sánchez sumar los votos necesarios para superar la moción de investidura. Fue la suma más exigua de todas las habidas desde la Transición. Representada por los partidos de la oposición, media España desaprobó aquella elección. Pero en democracia hay que respetar las reglas y el Gobierno que surgió es legítimo. Pero también gozan de idéntica legitimidad los partidos de la oposición a los que Sánchez ignora en un rasgo de ceguera que roza el sectarismo.

Hay voces que apuntan a qué el ninguneo al que está sometiendo a Pablo Casado obedece a una estrategia perversa: forzar el rechazo del PP a algunas de las medidas anunciadas sin consultarles para después, acusarles del eventual fracaso de las mismas. No sé. Quizá es demasiado retorcido, incluso para Sánchez y su auriga Iglesias, pero lo cierto es que no hay precedente de semejante ninguneo a la oposición, desde una posición parlamentaria tan precaria y con una mayoría que se sostiene en un «tente mientras cobro» con el PNV y en una hipoteca en constante revisión por parte de ERC y los demás grupos separatistas. La dimensión de la crisis su coste diario en vidas y el coste millonario en puestos de trabajo perdidos es de tal magnitud que a cualquier político no obsesionado con el poder le debería hacer reflexionar. Aunque sólo fuera porque siguiendo el lema del momento, sólo unidos podremos salvarnos.

-Fermín Bocos-

Escrito por en 4 Abr 2020. Archivado bajo La Aguja.
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