DE ATAPUERCA A LA MONCLOA, LA HUELLA DEL MAL

“La creencia en una fuente sobrenatural del mal no es necesaria, el hombre por sí mismo es muy capaz de cualquier maldad”. La frase, de Joseph Conrad, abre la novela ‘La huella del mal’, de Manuel Ríos San Martín, que me alivió la salida del bisiesto. Una reflexión ante un relato, ambientado en las excavaciones de Atapuerca, con unos espeleólogos que, buceando en la historia de homínidos pasados, se toparon con algo humano que produce crímenes: Acciones voluntarias de matar o herir gravemente a alguien, que aparecen en la novela, para sacar beneficio en la prehistoria y hace un par de veranos investigándola. O los actos indebidos o reprensibles que hoy son realidad, por motivos parecidos a los prehistóricos, o peores.

Leyendo a Ríos San Martín, se entra en una trama en la que la acción copa la atención. Al entrar y salir de ella, para atender las noticias diarias, se  percibe la diferencia: Ficción novelada antigua unida al presente en Atapuerca. Y crónica de una actualidad que nace, se refiere a, o está condicionada por lo que es y significa el Palacio de la Moncloa, sede de la Presidencia del Gobierno español. Pero, cuando, con las descripciones, se mezclan los policías y periodistas que se interesan por ellas, la diferencias de ambas (en cuanto a épocas y ambientes) se desvanecen para converger en un interés común, distinto en cada caso, que ocupa la atención y se condensa en dos grupos de interrogantes: El de los periodistas y lectores, que atienden los medios de comunicación y la novela para ver las incógnitas que interesan: qué, quién, cuándo, dónde, cómo, por qué y para qué. Y el superior, que los engloba a todos y marca una línea que trasciende al periodismo, la crítica y la historia: A costa de qué o quién y en beneficio de quién.

Al buscar el último en la novela, aparece el lema que sirve de título: ‘La huella del mal’, que presenta el autor y siguen los policías como motivo y argumento del relato. Huella, rastro o vestigio, que deja alguien o algo, del mal producido por hechos que usa la protagonista para, sin respeto a nada ni a nadie, engrosar su ego y satisfacer sus apetencias criminales. En ‘La huella del mal’, lo que ocurre se produce a costa de todos los que lo soportan y en beneficio de una protagonista criminal que, en contra de todos y frente a todos, los diseña y propicia para alimento de su ego y su propio beneficio.

Con lo anterior, una protagonista mala, malísima, taimada, taimadísima, golfa, golfísima, sin conciencia ni vergüenza; y con noticias que van y vienen desde Atapuerca a Moncloa, parece lógica la deriva. Sin mezclar ni confundir, por aquello de las confusiones peligrosas, pero asociando el ‘a costa de qué o quién y en beneficio de quién’ al protagonista principal en La Moncloa, Pedro Sánchez. Mala, malísima, taimada, taimadísima, golfa, golfísima, sin conciencia ni vergüenza son calificativos de la protagonista en Atapuerca que, por decisión auto-impuesta, rechazo cerca de la sede del Gobierno español. Al menos porque, por ahora y con los respetos debidos al ministerio de Igualdad, el inquilino actual de La Moncloa es un protagonista varón y la de Atapuerca es una protagonista hembra.

Apartados los calificativos, queda pendiente el interrogante superior del ‘A costa de qué o quién y en beneficio de quién’ que aparece con los hechos que son noticias. Como muestra, veamos qué ocurre en el hecho-noticia del momento: La propuesta de Illa, actual ministro de Sanidad, como candidato socialista a las elecciones catalanes. Sobre ella, el diario La Vanguardia hacía algunas consideraciones y preguntas: Abandona el barco cuando no ha acabado la pandemia ¿Supedita la labor del ministerio a un interés partidista? ¿Utiliza el cargo de ministro para hacer campaña? Usted conocía desde hace varias semanas que iba a ser candidato y continuó negándolo en público. ¿Cómo puede confiar la gente un político que miente? ¿No es extraño que en un país que ha sufrido tanto por la pandemia el titular de Sanidad sea un activo electoral? Subordinado el ministro de Sanidad al Presidente del Gobierno que lo nombró y obligado a procurar el bien que la Sanidad Nacional que dirige debe proporcionar a los españoles, la respuesta al ‘A costa de qué y en beneficio de quién’ es obvia: A costa de todos los españoles, pero no en beneficio de todos.

En pleno temporal y sin ventisca, las pisadas en la nieve dejan huella. En Atapuerca Manuel Ríos San Martín ambientó e hizo que sus personajes y lectores siguieran ‘La Huella del mal’. También recordó la frase de Joseph Conrad “La creencia en una fuente sobrenatural del mal no es necesaria, el hombre por sí mismo es muy capaz de cualquier maldad”.

En las noticias que hoy tienen su origen y motivo en La Moncloa, como en Atapuerca y con las circunstancias que apunta Joseph Conrad, también hay huellas. Sin pisarlas, adjetivarlas ni otras historias, ahí están.

-José Luis Heras Celemín-

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