¡¡Vaya espectáculo!!

Pero vamos por partes. Sánchez se pone como gato panza arriba cuando se le habla de gobierno de coalición con Podemos. Utilizan como argumento que no suman y que además ese alto grado de compromiso puede ahuyentar otros apoyos. Con Podemos no suman, pero sin ellos, tampoco. El segundo argumento está desmontado. El PNV que no quiere líos y si garantizase algunos logros para el País Vasco no pone pegas a un eventual gobierno de coalición. «Allá ellos, nosotros a lo nuestro», dicen los nacionalistas. El PNV ni entra ni sale en la fórmula que elija Sánchez.
Desde ERC, por el contrario, un gobierno de coalición PSOE-Podemos puede ser un elemento más que importante para decidir la abstención. El sí a la investidura está absolutamente descartado y la abstención en estudio a la espera de los pasos de Sánchez. Los republicanos independentistas ven en la entrada de Podemos en el Gobierno una cierta cuota de seguridad para iniciar el diálogo que, en cualquier caso, van a reclamar al Ejecutivo.
Que nadie se llame a error. La investidura de Sánchez depende de Podemos y de la habilidad negociadora de ambas partes. Con el partido de Revilla, Compromís, y el PNV, así como la abstención de ERC y Bildu que juntos van a sumar más de 20 escaños, el Presidente hoy en funciones tiene la investidura garantizada. Le queda por solucionar el nudo con Podemos. Lo demás, literatura.
Si la investidura de Sánchez está resultando proceso ya casi insoportable, no es menos fácil digerir la dispuesta infantil, adolescente que se trae Ciudadanos y Vox. El primero por tratar de disimular lo obvio: que en primera o en última fila del escenario necesitan a Vox. Y el segundo, Vox, no tanto por exigir que se le reconozca como actor de ese acuerdo que es una pretensión bien legitima, sino por los charcos en los que innecesariamente se mete hablando permanentemente del Orgullo o pretendiendo objetivos que no son de competencia autonomía. Siendo cómo es el paro el primer problema de los españoles, resulta sorprendente que Vox no atienda a los que realmente preocupa a los ciudadanos y se empeñe en discursos ya superados por la sociedad española.
En medio de este lío, como diría Rajoy, el PP. Casado, a diferencia de Rivera sí va a acudir a Moncloa, cumpliendo así su obligación institucional y mostrando el respeto que siempre merece quien esté en Moncloa. Además, el PP y no diré que no sea también por interés propio, negocia a dos bandas sin saber a priori el coste que esto le puede generar pero por lo menos trata de arreglar el espectáculo que está generando la «nueva política». Tan nueva y tan vieja…
-Charo Zarzalejos-






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