Todo pende de un hilo

Es cierto que el miedo a posibles contagios no puede paralizar el país. Pero la vuelta a la normalidad será un éxito sí se asume como una operación en la que la clave es la responsabilidad individual. Basta que en una playa o en un restaurante un desaprensivo se salte las normas para poner en peligro a cuantos estén a su alrededor. La opinión de los expertos se divide acerca del valor indiciario de las tomas de temperatura. Para algunos es un indicador valioso que enciende una señal de alerta; otros opinan que no sirve de nada porque la simple ingesta de un antipirético un poco antes de la prueba puede bajar la temperatura y enmascarar el resultado. Es un truco que, al parecer, ya se ha detectado entre algunos turistas sabedores de que al entrar en España les van a tomar la temperatura.
¿Qué se puede hacer para tener la seguridad de que quien viene de fuera no está contagiado? Lo más sensato sería que a todos los viajeros les realizaran los test correspondientes. Aplicar en los aeropuertos un protocolo de acceso de estas características reclamaría más personal sanitario y los controles derivados del proceso se traducirían en retrasos y molestias varias, pero tiendo a pensar que sería la única medida capaz de reducir el riesgo de nuevos contagios. Si las dos semanas anteriores al 14 de marzo en los aeropuertos españoles -sobre todo en Madrid, Barcelona y Málaga- se hubieran instalado este tipo controles a la llegada de viajeros procedentes de China y de Italia es seguro que no habríamos sufrido ni la mitad de contagios que se produjeron después. Si algo hemos aprendido de la pandemia es que sólo la prevención consigue limitar sus devastadores efectos. Volver a la normalidad no será fácil.
-Fermín Bocos-
