Sánchez rompe con Iglesias

A medida que se acercaba la fecha de la investidura y no había respuesta a su demanda de nombramientos ministeriales, Iglesias subió la apuesta en la idea de obligar a Sánchez a definirse.
La apuesta es conocida: trasladar a los militantes («las inscritas y las inscritos «en el lenguaje cursi de la casa morada), la responsabilidad de apoyar o no la investidura. Iglesias pensó que con la maniobra se cubría ante un eventual rechazo de las bases salvando así su responsabilidad como ya hizo en ocasión del plebiscito de cuando se compró el famoso chalet de Galapagar.
Lo hizo por sorpresa y sin informar previamente a Sánchez que se enteró por los periódicos y se lo ha tomado como un acto de deslealtad. Hasta tal punto que ha roto toda negociación con Podemos reprochando a Iglesias que haya convocado una «consulta trucada», una iniciativa que tacha de «mascarada». A una semana del inicio del debate de investidura, la ruptura con Podemos deja al PSOE ante su parva aritmética parlamentaria (123 diputados) abriendo así el registro de una primera votación fallida. Ante una segunda vuelta hay alguna expectativa de posibles abstenciones. No de Ciudadanos, Albert Rivera rechaza cualquier acuerdo con Sánchez. Pero desde las filas del PP tal vez podría producirse algún movimiento en ésa dirección. Pesa la memoria de lo ocurrido con la investidura de Rajoy. Sería salir adelante en clamorosa minoría para sacar adelante los retos de la legislatura. Sánchez tiene presente ese escenario y según como vayan las cosas quizá decida tirar por la calle del medio y convocar elecciones para el otoño. Los datos que manejan en La Moncloa apuntan a una subida del PSOE. Todos los demás partidos, lo saben y algunos (Podemos, Ciudadanos) lo temen. En esas estamos.
-Fermín Bocos-
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