Sánchez e Iglesias anuncian un Gobierno de coalición basado en la «lealtad» y para cuatro años
Pablo Iglesias será vicepresidente en el futuro Gobierno de coalición tras ser vetado por Sánchez en julio.

Ambos han firmado en el Parlamento un documento con las bases de este acuerdo, que desarrollarán en las próximas semanas en las que también se decidirá la estructura del gobierno y su composición. Sobre esta última cuestión, Sánchez ha precisado que el Ejecutivo se conocerá tras la investidura, y que hay «voluntad de aprovechar los perfiles más idóneos para las tareas de gobierno».
El jefe del Ejecutivo en funciones ha precisado que el acuerdo nace para abrirse a otras fuerzas políticas para lograr una «mayoría viable y sostenida» y para ello abrirá una ronda de contactos con el resto de los grupos políticos.
Sánchez, en su breve declaración, ha señalado que llegan a esta firma tras dos elecciones generales, y apunta que a las formaciones políticas les correspondía ahora traducir la voluntad de los españoles «y superar la situación de bloqueo». «El acuerdo no fue posible tras las anteriores elecciones aunque estuvimos cerca de poder lograrlo», ha indicado el presidente en funciones para luego reconocer que son conscientes de la decepción que esto supuso entre los votantes progresistas.
Tras esto, ha incidido en que el proyecto político que arranca este martes es «tan ilusionante que supera cualquier tipo de desencuentro de anteriores meses» entre Podemos y PSOE, y que ahora el compromiso de los socialistas es el de lograr «un gobierno progresista sí o sí».
Incide en que no habría justificación para que se persistiera en el bloqueo y recalca que el país necesita con urgencia un Gobierno que eche a andar cuanto antes. En este punto, ha recalcado que «el nuevo gobierno será rotundamente progresista, porque estará integrado por fuerzas progresistas y porque trabajará por el progreso de España». Y advierte: «Lo que no cabrá en el espíritu del futuro Gobierno será el odio y la confrontación entre españoles».
AMPLIAR EL ACUERDO A OTRAS FUERZAS
Con este acuerdo, que pretenden ampliar a más fuerzas políticas –sin concretar a cuáles–, quieren que el nuevo Ejecutivo de coalición que salga del mismo sea para cuatro años. «Un acuerdo de Legislatura» que estará basado «en la cohesión, la lealtad, la solidaridad gubernamental y en la voluntad de aprovechar los perfiles más idóneos para las distintas responsabilidades de gobierno», ha aseverado el líder socialista.
Sánchez ha avanzado que desde este martes el PSOE abre una ronda de reuniones con el resto de grupos para propiciar y construir esa mayoría parlamentaria que genere estabilidad. En este sentido, ha apelado a la responsabilidad del resto de fuerzas políticas.
«España necesita un gobierno estable, no en funciones, sólido, no a prueba, y lo necesita ya», ha añadido Pedro Sánchez antes de volver a agradecer a Unidas Podemos y en concreto a Pablo Iglesias –al que se ha dirigido en todo momento como Pablo– por su predisposición para el acuerdo de gobernabilidad. Sánchez, ha subrayado que el proyecto que afrontan es «ilusionante, emocionante y esperanzador para la mayoría social del país».
«DIÁLOGO PARA LA CRISIS TERRITORIAL»
Pablo Iglesias, por su parte, ha agradecido a Pedro Sánchez su generosidad y disposición para constituir un gobierno con Unidas Podemos y ha pedido «dejar atrás cualquier reproche». Ha destacado también que este gobierno será progresista y aunará «la experiencia del PSOE y la valentía de Podemos». «Es tiempo de dejar atrás cualquier reproche y trabajar codo con codo en la tarea ilusionante que tenemos por delante», ha añadido Iglesias.
En su breve intervención posterior a la firma del acuerdo, el líder morado ha señalado que este nuevo Ejecutivo debe trabajar «por el diálogo para afrontar la crisis territorial y por la justicia social como la principal vacuna frente a la extrema derecha».
«Para nosotros es un verdadero honor poder trabajar desde dentro del gobierno del país para mejorar la vida de nuestros compatriotas, pudiendo empezar así a cumplir el objetivo con el que nacimos», ha señalado Iglesias quien tanto en la campaña de abril como en la de noviembre no cejó en su empeño de exigir conformar un Gobierno de coalición.
Entonces, ha aseverado que Pedro Sánchez «sabe que podrán contar con la lealtad» de Unidas Podemos y ha prometido que dejarán lo mejor de sí mismos en el nuevo Gobierno. Adelanta también que desde hoy buscarán el apoyo de otros grupos para que se sumen al acuerdo y aseguren así una mayoría parlamentaria «necesaria para afrontar la investidura y la legislatura».
Por último, el líder morado ha señalado que ambas formaciones trabajarán en las próximas semanas en los detalles de programa y de estructura del gobierno, y ha avanzado que estos se conocerán después de la investidura.
Pablo Iglesias será vicepresidente en el futuro Gobierno de coalición tras ser vetado por Sánchez en julio.
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, será vicepresidente del Gobierno de coalición que conformarán PSOE y Unidas Podemos, a pesar de que en julio el propio Sánchez le vetara en julio recalcando era el único escollo para el acuerdo.
La estructura completa de ese Ejecutivo se concretará una vez tenga lugar la sesión de investidura en el Parlamento, si bien ambos líderes han avanzado este martes en una comparecencia conjunta que comenzarán a trabajar en estas semanas para cerrar acuerdos programáticos y un organigrama de Gobierno, que se elaborará atendiendo a qué perfiles son los adecuados para cada cargo.
Este preacuerdo entre socialistas y morados llega dos días después de la celebración de las elecciones generales, comicios en los que tanto el PSOE como Unidas Podemos perdieron escaños con respecto a los que obtuvieron en los comicios de abril.
UNA CAMPAÑA HACIA LA COALICIÓN
Con este documento de diez puntos, los de Iglesias ven cumplido el principal objetivo que se marcaron cuando Pedro Sánchez decidió que se celebraran las elecciones generales de abril. Entonces, Iglesias, que regresaba de su permiso de paternidad, señaló que para que todas las medidas que pactaron PSOE y Podemos tras la moción de censura contra Rajoy se aplicaran, era necesario que tocaran poder y entraran en el Consejo de Ministros.
Tras esto, y durante la precampaña y la campaña de abril, los morados insistieron en esta idea, y fundamentaron su discurso en lograr que los artículos más sociales de la Constitución se cumplieran. Para eso, insistían en que se debía hacer frente a los poderes económicos subiéndoles los impuestos, a la oligarquía que maneja las grandes empresas energéticas creando una empresa pública que lograra bajar el precio de la luz, y que era preciso acabar con las puertas giratorias que permiten que ministros y presidentes acaben en sillones de consejos de administración de multinacionales.
A pesar de las malas encuestas, los morados remontaron gracias a la irrupción en la campaña del líder y se alzaron con 42 escaños y 3,8 millones de votos en las generales. Pero a pesar de que la coalición era posible, acabó frustrándose tras meses de negociaciones y malentendidos.
LA CAMPAÑA EXPRÉS
Tras el fracaso, y con los líderes de ambas fuerzas enfrentados gracias a acusaciones y declaraciones subidas de tono en medios, la posibilidad de que ambos llegaran a entenderse tras el 10 de noviembre parecía alejada. Pero entonces Iglesias en sus intervenciones de campaña tendió la mano de nuevo al líder socialista y le invitó a olvidar reproches atendiendo «a la emergencia del auge de la extrema derecha».
Además, sostuvo la carrera hacia las urnas pidiendo que los morados estuvieran fuertes el 10N porque de esa manera el PSOE se vería obligado a un acuerdo de gobierno con ellos, a pesar de que Pedro Sánchez no quisiera. Llegó a afirmar Iglesias que si Vox aumentaba apoyos, esto impediría una gran coalición de PP y PSOE y abriría la puerta del Consejo de Ministros a Podemos.
Ese cálculo electoral finalmente se cumplió y Vox logró 52 escaños. Y dos días después de las generales, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias escenificaban un preacuerdo, con firma en el Congreso de los Diputados y con abrazo para sellar la alianza.
EL REPARTO DE MINISTERIOS Y LAS MEDIDAS ESTRELLA DE PODEMOS
Además de la propuesta de crear una empresa pública de energía, los de Iglesias han insistido durante la campaña en que si llegaban al Gobierno derogarían la reforma laboral, intervendrían el mercado de la vivienda de alquiler, fijarían la subida de las pensiones al IPC por ley, implantarían la jornada laboral de 34 horas semanales, crearían una banca pública o pondrían coto a las casas de apuestas, entre otras. Está por ver cuántas de estas pueden llegar a cumplir desde los ministerios que logren fruto de la negociación.
En cuanto a esas carteras que los morados ostentarán, hasta el momento sólo se sabe que el propio Iglesias tendrá una vicepresidencia. Pero atendiendo al documento que desde Unidas Podemos enviaron al PSOE para desbloquear la negociación en agosto, uno de los que aspiran a llevar es el de Trabajo.
En ese documento de ‘Propuestas para retomar el diálogo por un acuerdo integral de gobierno de coalición’, los morados señalaban como primera opción una Vicepresidencia de Derechos Sociales e Igualdad, el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, el Ministerio de Sanidad y Consumo y el Ministerio de Vivienda y Economía Social.
En ese mismo documento, el único posterior a la investidura fallida en el que hablan de carteras, los morados presentaban otras cuatro combinaciones posibles de ministerios, y en ellas además de las citadas carteras incluían el Ministerio de Transición Ecológica, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el Ministerio de Agricultura, Pesca y España Vaciada, y el Ministerio de Cultura.
El pacto de PSOE y Podemos suma 155 escaños y prosperaría con PNV, Más País, PRC, Teruel y NC más la abstención de ERC.
El pacto entre el PSOE y Unidas Podemos para un gobierno de coalición que han firmado este martes el presidente Pedro Sánchez y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, parte con 155 votos en el Congreso y para superar la sesión de investidura necesitaría sumar a otras fuerzas. Una de las posibilidades es el apoyo de PNV, Más País, Partido Regionalista Cántabro, Teruel Existe y Nueva Canarias más la abstención de los independentistas de ERC y del BNG.
Según establece la Constitución, para ser investido presidente se necesita mayoría absoluta en una primera votación, es decir, 176 síes, o bien mayoría simple (más votos a favor que en contra) en una segunda.
Esa mayoría absoluta exigiría a PSOE y Unidas Podemos sumar a sus 155 diputados un total de 21 votos, lo cual parece muy improbable ya que se trataría de añadir a formaciones que se han declarado antagónicas entre sí.
ABSTENCIÓN DEL PP, SÓLO TEÓRICA
A partir de ahí, lo más factible es pensar en la segunda votación, contar con más votos a favor que en contra. Aritméticamente, la opción más sencilla es que el principal grupo de la oposición, el PP con sus 88 diputados (uno de ellos de Foro Asturias), optara por la abstención, aunque esta posibilidad ha sido rechazada tajantemente por la dirección de los ‘populares’.
También teóricamente el acuerdo tendría más fácil salir adelante si contara con el apoyo de Ciudadanos, aunque este partido tiene anunciado que no respaldará un acuerdo con Podemos y, por su parte, los ‘morados’ se declaran incompatibles con los ‘naranjas’
Sánchez e Iglesias deberán, por tanto, tejer apoyos para ir sumando en un Congreso fragmentado con casi veintena de partidos, récord de grupos parlamentarios y 21 diputados de doce formaciones distintas en el Grupo Mixto.
A la vista de las posiciones marcadas en campaña, el pacto de PSOE y Unidas Podemos podría recabar el apoyo del diputado de PRC, que ya firmó un acuerdo con Sánchez en mayo; de los tres representantes de Más País y Compromís, proclives a un gobierno progresista; de los siete votos de los nacionalistas del PNV, que no han ocultado su disposición a negociar; del diputado de Nueva Canarias, Pedro Quevedo, que ya fue socio del PSOE en 2016; y del de Teruel Existe, que quiere facilitar la gobernabilidad.
LA ABSTENCIÓN DE CS, INSUFICIENTE
Con todos ellos ya sumarían 168 escaños, a sólo ocho de la mayoría absoluta, y desde ahí sería factible superar la investidura gracias a la abstención de otras formaciones. Es ahí donde podría entrar el diputado del BNG, que quiere desbloquear la situación y que reclamará compromisos con la agenda gallega; o incluso los trece de ERC y los cinco de EH Bildu. La abstención de Ciudadanos es otra opción, pero resultaría insuficiente si todos los independentistas votan en contra.
A priori, en el ‘No’ ya están situados los 52 de Vox y los 88 del PP, y todo apunta a que tampoco ayudarían a un Gobierno de PSOE y Podemos los dos diputados de UPN (Navarra Suma) ni la diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas. En el voto en contra también se ubica a Junts per Catalunya, al menos así ha sido hasta ahora, así como a la CUP, cuyo lema de campaña es hacer a España «ingobernable». Todo ellos representan 153 votos, lo que ratifica ese escenario donde la llave la tienen los demás independentistas.
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