¿Quién controla a los incontrolados?

Valle Inclán no lo hubiera hecho mejor. El Parlament vota una declaración de independencia que luego no se atreve a respaldar, pero que era una declaración de guerra. El president de la Generalitat se fuga, al igual que otros consejeros y deja tirados a muchos de los suyos. El máximo representante del Estado en Cataluña desafía y se burla de la Constitución y del Gobierno. Tras un juicio modélico y una sentencia «blanda», quien ha sido una de las máximas autoridades catalanas, actualmente en prisión por violar las leyes e incitar a un golpe de Estado que sabía que era imposible, califica la decisión judicial de «venganza», incluso antes de haberla leído. El presidente de la Generalitat invita a los ciudadanos a la desobediencia civil y anima a los violentos a tomar la calle. Como él mismo es el jefe de los mossos, manda a éstos a que impidan la violencia en la calle y carguen contra los que se manifiestan por encargo suyo. Y los sediciosos convocan ruedas de prensa a las que no asiste nadie y reuniones «diplomáticas» que no tienen interlocutores. La violencia se extiende en las calles de Cataluña, mientras todos los ciudadanos y miles de turistas sufren las consecuencias. Como campaña de imagen para la política internacional, para que el turismo elija Cataluña y para que las empresas que huyeron vuelvan allí, no parece que sea la mejor. Pero hay más. Los CDR, comités de defensa de una república inexistente, son una creación desde dentro. El Tsunami Democratic que ha movido los hilos de los últimos disturbios parece haber nacido también en los aledaños de la Generalitat. No es algo surgido del descontento popular sino coordinado y con objetivos concretos. Pero, ¿quién controla a los incontrolados? Una vez que se prende fuego, éste crece saltándose todas las barreras, sin freno posible. Quienes han incitado a la violencia acabarán siendo víctimas de los violentos, sin control posible. El daño causado a Cataluña por los independentistas saltándose las leyes y las reglas democráticas y ni siquiera acatando las decisiones de los tribunales es inmenso. La fractura social creada por quienes han querido dividir en dos a los catalanes y hacer dos clases, los buenos y los malos, es muy profunda. Los pirómanos que han encendido la mecha, no van a ser aceptados como bomberos cuando el fuego amenace con quemarlo todo. Y, desde luego, no es la mejor base para un diálogo que tiene que abrirse en el futuro cercano.
-Francisco Muro de Iscar-






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