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Primarias y caudillos

¿Se acuerdan ustedes cuando aquellos adanes de la política iban a regenerar la democracia española? ¿Se acuerdan que su bálsamo universal y panacea de todos los males eran las primarias que había que imponer a toda organización? Eran entonces tres, Sánchez, Iglesias y Rivera. Los tres contra el «viejo» Rajoy, compendio de toda la caspa y la corrupción. Que en eso, en la inquina atroz contra Rajoy estaban los tres en acuerdo total. Sánchez mucho, pero Rivera casi más.

Las primarias, según ellos, eran el descubrimiento trascendental, para resolver todos los males de la política. La limpiaría de mugre, le devolvería la limpieza y el esplendor. Durante meses la prédica fue continua, no había tertulia televisiva en la que no se las pregonara como la maravillosa solución. Creo tener memoria, incluso, de que Ciudadanos pretendió incluso en hacerlas obligatorias por ley como única manera de elegir los cargos directivos en los partidos. Oponerse a ella era un pecado mortal y ya solo señalar que había otras fórmulas de democracia representativa testadas que funcionaban tan regular, tan mal o mejor que esta te hacía sospechoso.

Ahora no se quiere hablar mucho del asunto. Pero resulta que es el momento de señalar a lo que la supuesta regeneración nos ha llevado y cuales son los hábitos consagrados en las estructuras de los partidos y del poder. La primera es obvia. Pedro Sánchez, tras ganar con holgura las primarias a Rosa Díaz, entendió que ello le daba el poder absoluto en su partido y lo tomó. No dejó en los órganos del partido ni una raspa de quienes estuvieron en las posiciones perdedoras que si habían perdido, pero tenían el 40% de los votos. Sánchez lo utilizó como aval de un caudillismo que ahora ejerce con todo descaro y sin que nadie se atreva ni a rechistar. Lo dijo su escudera Lastra el otro día, y aunque lo embosco en una cuestión generacional, mentía. El «Ahora nos toca a nosotros» era por otra cosa, le toca al Caudillo Sánchez y a sus fieles y el resto a callar y tendrán pan o, si difieren, a la tiniebla exterior.

Los órganos representativos del PSOE han quedado reducidos a un florero al que ni siquiera se pone agua porque no hay allí rosa que mantener. El en otro tiempo lugar de debate, que siempre lo hubo y vivo hasta en la época de gloria de Felipe y Guerra, es ahora un estorbo, un desperdicio que no se puede tirar a la basura, pero solo porque quedaría mal no porque para el Caudillo tenga la menor importancia ni utilidad. La fórmula para darle el barniz de legalidad es la «consulta a las bases». O sea, el plebiscito del Sí o el No, el referéndum caudillista de adhesión. Inquebrantable, claro está.

De lo sucedido en Ciudadanos casi ya no es necesario ni hablar, la penosa deriva tras la derrota electoral de Rivera es cada día más patética y, salvo milagro, las primeras urnas que se abran certificarán su defunción.

De lo de Podemos que les voy a contar, ahí ya cualquier límite ha sido pisoteado con fruición, han dado un paso más allá del caudillaje, el nepotismo y las redes clientelares, han creado el «parejismo». Las colleras de machos y hembras alfas, encabezados por la pareja dominante, Pablo e Irene, constituyen en la realidad el verdadero organigrama real del partido.

Plebiscito y autoritarismo con también elementos inseparables y necesarios. El uno es la excusa y sostén de otro y viceversa. Los caudillos han usado de ellos a lo largo de los tiempos para dar patina de limpieza democrática a lo que es una de sus maneras más rastreras, y eficaces, de corromperla. Porque, acabo también con otra pregunta. ¿Creen ustedes que España gozamos ahora de mayor calidad democrática?

-Antonio Pérez Henares-

Escrito por en 24 Nov 2020. Archivado bajo Opinión.
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