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‘Pomadita’

¿No le gusta a usted este Gobierno de coalición? ¿Preferiría otros acuerdos, como un Ejecutivo de centro-izquierda? ¿Lo que le disgusta es la presencia de alguien como Pablo Iglesias en la vicepresidencia segunda del Gobierno del Reino de España? Pues mire usted: ajo, agua y resina. Ya sabe. Y, además, ‘pomadita’.

Sí, ‘pomadita’. Es la receta que el citado vicepresidente don Pablo Iglesias propone, en una entrevista en el semanario lisboeta ‘Expresso’, como remedio a todos aquellos contrarios a su persona y al equipo formado por Pedro Sánchez. Y va más allá: muchos de quienes se sienten disconformes con este Gobierno, empezando por los medios de comunicación más críticos, son presuntos golpistas. Golpistas (presuntos) sí, nada menos.

Uno, que se permite discrepar en muchas cosas de lo que hace y deja de hacer una parte del equipo Sánchez, en general, y el ya repetidamente mentado señor Iglesias en particular, se siente, la verdad, amedrentado y desconcertado: uno no se tenía a sí mismo ni como partidario de golpe alguno -faltaría más- ni como integrante de caverna claxonvoxera de cualquier especie. Se quería definir uno como un progresista, moderado eso sí, partidario de que gobierne quien gane las elecciones, no quien ha perdido votos y escaños en cantidad sustanciosa y ha quedado el cuarto en el ‘podio’. Pero ya se ve que estaba equivocado: aquel que discrepe, cavernícola con una bota pisando la involución y la otra, el antisistema.

Ignoro si el presidente Sánchez, que no podría dormir -«lo mismo que el noventa y cinco por ciento de los españoles», dijo, ¿recuerda usted?-teniendo al aquí archimencionado señor Iglesias en el Gobierno, se aplica también ‘pomadita’ cotidiana para sobrellevar el sacrificio. A mí, la verdad, no me quita el sueño tener un vicepresidente tan, ejem, atípico, que no cae precisamente bien en la UE y está, por delante solo del señor Abascal, de Vox, a la cabeza de la impopularidad en todas las encuestas, las del CIS incluidas. Insomnio no me produce; pesadillas, a veces sí.

Confío en que don Pablo Iglesias (Turrión, naturalmente: el otro PI, Posse de segundo apellido, jamás hubiese empleado este lenguaje barriobajero) no me tome aún más ojeriza si le digo que es un poco chulo. Porque esto de la ‘pomadita’ no deja de ser un término chulesco y algo burdo, inaceptable, en mi opinión, en el mundo político democrático civilizado y bien educado.

Pero, en fin, no se preocupe el señor vicepresidente. Uno ha entendido el mensaje. Ya digo: lo de acomodarse a la castiza máxima de ‘ajo, agua y resina’. La ‘pomadita’ que se la aplique él, que sospecho que le aguardan días no tan placenteros como los que ha venido disfrutando, pese a las pandemias, en las dieciocho semanas que lleva en la poltrona.

-Fernando Jáuregui-

Escrito por en 26 May 2020. Archivado bajo Desde mi salón....
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