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Política de vísperas

Con la Ley de Seguridad Nacional, la aplicación del artículo 155 de la Constitución o cualquier otra arma legal disponible en el marco del Estado de Derecho, el Gobierno tiene el deber de desactivar el desafío al orden constitucional formulado por el independentismo.

En el mismo lenguaje usado por Torra para sustanciar el desafío, Pedro Sánchez, más allá de recordarle que «está jugando con fuego», también debería comprometerse a caminar «sin excusas» hacia el restablecimiento de la legalidad en la Cataluña amenazada por provocadores llamamientos a la «desobediencia civil e institucional».

A falta de ese punto de contundencia en el nuevo discurso del presidente del en funciones, es verdad que ha endurecido el tono, aunque el líder del principal grupo de la oposición, no se lo crea. «Quien es presidente del Gobierno gracias a los independentistas, no es el más indicado para llamarles al orden», ha declarado Pablo Casado.

Me parece injusta esa reacción del líder del PP. Y muy negativa respecto al deseable alineamiento de las fuerzas constitucionales ante el desafío secesionista. Justo cuando Sánchez redescubre el poder de seducción electoral de «España». El «Ahora España», como lema del PSOE para la campaña del 10-N, reactiva su vocación nacional (único partido que lleva la palabra en sus siglas) y nos da una razón para entender las pasadas dificultades de formar una coalición con Podemos.

¿Se imaginan a un ministro Iglesias aliado de un partido que nombra a España sin hacer «contorsiones», como le ocurre al líder de Podemos? Dicho sea solo a modo de dosis de recuerdo sobre la repetición de elecciones como mal menor, una vez afeado el desmarque de Ciudadanos (veto de Rivera al PSOE de Sánchez) y la desgana de Sánchez a la hora de intentarlo.

Ahora todo depende de que la matemática conspire con los guionistas de Sánchez en la ocupación del centro abandonado por el PP y Ciudadanos (Ahora se lo están pensando). El objetivo es ese camino único hacia un Gobierno «sólido y razonable», «transversal y moderado» del que habla Pedro Sánchez, además de progresista, por supuesto, y que no dependa en absoluto de los escaños secesionistas.

No solo la matemática condicionará el futuro de la Legislatura. También la realidad, que viene cargada de incógnitas en estas vísperas de no se sabe qué. Desde la sentencia por el «judici» y unas comunidades autónomas con los bolsillos vacíos, en lo doméstico, hasta los nubarrones económicos y el desenlace del «brexit», en el ámbito internacional.

Pero una sombra negra sigue planeando sobre la llamada a las unas del 10 de noviembre: ¿Y si la representación, los actores y el desenlace vuelven a ser los mismos?

-Antonio Casado-

Escrito por en 4 Oct 2019. Archivado bajo Opinión.
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