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NOVEL CORONAVIRUS

Nadie es inmune per se al COVID-19, virus responsable de la enfermedad respiratoria que mantiene en vilo a la mitad de la población mundial. Lo muestra bien a las claras el contagio de un tipo recio, como Ortega Smith. De ahí que apenas salir a la luz la noticia, los adversarios políticos de Vox pusiesen sus barbas a remojar abandonando la Cámara Baja, ya desde entonces en cuarentena. Sus Señorías no estaban dispuestas a inocularse a las bravas el virus, e hicieron muy bien. Lo mismo ha ocurrido o está ocurriendo en aquellas instituciones de cariz oficial y congregantes, con sus miembros. Y es que se prodigaron de tal manera, los besos y los abrazos el fin de semana pasado, que cualquier asistente al congreso en Vistalegre podría, hoy por hoy, ser transmisor latente del bichito de marras.

El estado de salud del hombre fuerte de la extrema derecha española dio, durante unos pocos días, para bromas y chascarrillos a mansalva. La imaginación de tuiteros y youtuberos se desbordó con el infortunio del secretario general de la formación verde, pero ni Smith ni ninguno o ninguna integrante de su partido se postuló para reprochar una conducta nada respetuosa con las cuitas ajenas. Lo único que se pudo escuchar desde las mismísimas entrañas del partido fue una disculpa sincera, y eso sin duda alguna les honra en gran medida. Quizás a partir de ahora, sabiéndose responsables de una decisión a todas luces precipitada, mediten antes de imputar sin sentido a los inmigrantes indocumentados que siguen llegando en tropel a España la culpa por todos los males presentes, futuros y pretéritos de este país.

Suele ser habitual que advirtiendo la paja en el ojo ajeno y, aun siendo conscientes del agravio comparativo, soslayemos la viga en el nuestro. Eso, más que normal u ordinario, es propiamente humano; de animal racional, quiero decir. Lo cual lleva asociada una contrariedad que no conviene ignorar: la falta total y absoluta de credibilidad, lo que para un político o cualquier otra profesión que se sustente al cien por cien en ese valor puede significar caer en el más absoluto ostracismo. Mucho cuidado con eso, pues, porque en el próximo congreso que convoque Abascal o cualquiera de sus adláteres, tanto da si en Vistalegre o en otro lugar de nuestro territorio, sólo acudirán los dogmáticos.

Francisco J. Caparrós

Diplomado en Educación Social y Experto Universitario en Autoconocimiento, Emociones y Diálogo.

Miembro del Comité de Ética y Deontología del CEESIB

 

 

Escrito por en 14 Mar 2020. Archivado bajo Opinión.
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