Ni consumo, ni inversión

Por ejemplo, la deuda, el déficit, el paro y los componentes de ese crecimiento del PIB. Es el caso de Alemania que, efectivamente crece menos, pero goza de una deuda pública del 60% del PIB, superávit en las cuentas públicas y prácticamente pleno empleo. Mientras, España tiene una deuda que ronda el 100% del PIB, la segunda mayor tasa de paro de toda la Unión Europea y el déficit puede volver a rondar el 3% del PIB.
Además, no sólo el dato de 2019 es malo, sino los componentes que no son precisamente ni sanos, ni equilibrados. El gasto público es elevadísimo y explica una gran parte del crecimiento, el consumo de los hogares se ha estancado en tasa intertrimestral y la inversión ofrece una tasa negativa anualizada del 10%. Mucho más pronunciada es la caída, si hablamos de inversión en vivienda y construcciones, con un descenso del 4,3%. La demanda nacional redujo su contribución 1,1 puntos en relación a 2018 y la demanda externa subió 7 décimas.
Todo esto se produce en un contexto de mayores costes salariales para las empresas por las subidas del SMI, los mayores impuestos de todo tipo y una posible revisión de la reforma laboral precisamente en los aspectos que lograron, con bajos crecimientos, creación de empleo. Si además el gasto público sigue subiendo, sólo se logrará ahondar en el hoyo repitiendo los errores del pasado.
-Carmen Tomás-







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