Más turbación

El rival político se ha convertido en enemigo al que se niega cualquier legitimidad, sus acciones se enmiendan a la totalidad de oficio, la agenda de los asuntos a tratar se sustenta en un puñado de obsesiones arraigadas, y el presunto debate no es sino una sucesión de monólogos previsibles en los que todo vale: desde la tergiversación a la mentira. No quisiera verme en la piel de estos parlamentarios cuando, al regresar a casa, intenten inculcar a sus hijos esos valores fundamentales del respeto, la educación y la debida compostura que hemos tardado milenios en alcanzar desde que abandonamos la caverna y que ellos dinamitan en cada debate parlamentario.
Pero quizás se sientan a gusto en el papel. Porque el espectáculo que protagonizan no deja de ser un acto de onanismo intelectual y político del que seguramente salgan satisfechos. Pero han de saber que lo único que nos aportan a los ciudadanos es más turbación, siempre dañina, mucho más en una época crítica como la que vivimos en la que necesitamos que la política sea aportadora de soluciones y no creadora de problemas. Recordemos una vez más que los políticos, los partidos y la política en general son, según los sucesivos barómetros del CIS, la segunda preocupación de los españoles. Parecería que algunos no se conforman con esa segunda posición.
-Isaías Lafuente-







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