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La generación de la primera Transición ha muerto ¡Viva la segunda Transición!

Viendo la imagen del Rey Felipe VI, en el quinto aniversario de su ascenso al Trono, rodeado por los ex presidentes del Gobierno que siguen vivos, dí en pensar que pocas imágenes más ilustrativas de lo que está ocurriendo generacionalmente en España que ese encuentro entre el jefe del Estado, en plena madurez, y los cuatro hombres que fueron jefes del Ejecutivo y que hoy, pese a que alguno de ellos sigue siendo joven, se encuentran apartados de la primera línea de la política. El relevo generacional, ponga usted las excepciones que quiera, el cántabro Revilla o el alcalde de Málaga Francisco de la Torre, poco más, ha sido completo tras esta doble convocatoria electoral. Los periodistas tenemos que acostumbrarnos, de nuevo, a rostros inéditos, desconocidos, bisoños, poblando ayuntamientos, despachos autonómicos y escaños en Congreso y Senado. Ahora, a ver qué pasa con el Gobierno; pero eso hoy, como diría Jordi Pujol, otro ex, no toca.

Han caído ahora Manuela Carmena, Ernest Maragall, los parlamentarios más veteranos de todos los grupos, los presidentes de muchas grandes empresas ya tienen sustitutos más jóvenes, los rostros de tertulianos y presentadores ‘veteranos’ en las televisiones han desaparecido y hasta el propio Rey Juan Carlos I, se ha ‘auto retirado’ de toda función institucional. Nos quedan sí, algunos esforzados intelectuales, algunos antiguos políticos ejerciendo labores institucionales en academias o en el Consejo de Estado, que pasean de auditorio en auditorio su palmito de octogenarios, o casi, llenos de veteranía y sabiduría que nuestros representantes no saben, o no quieren, aprovechar.

El caso es que, hoy, a los sesenta ya se es un viejo para el ejercicio de la política. Y para casi todo, parece. El mundo galopa hacia metas desconocidas y la tecnología nos acelera el pulso vital como nunca jamás, haciendo perder todos los trenes a quienes no pueden, no saben o desdeñan incorporarse a la revolución. Aquella generación de la primera transición, la que hizo la Constitución y la desarrolló, ha muerto para la actividad política en primera línea, y es lógico, aunque quizá –mire usted lo que ocurre en Estados Unidos, entre otros países con tradición democrática– aquí, en España, todo haya ido demasiado rápido, sin tiempo para deglutir el Cambio, ni para preparar su advenimiento. Hemos borrado de golpe a tres o cuatro generaciones esforzadas.

El rejuvenecimiento de rostros ha sido prácticamente total, súbito. Nuestros máximos líderes políticos son cuarentones flamantes –ni siquiera de la generación de Felipe VI– que no entienden, ni quieren hacerlo, a aquellos de la ‘primera Transición’. Lo que quizá ignoran es que tienen que empezar a afrontar ya una segunda Transición, tan completa y compleja como la primera. Y es ahí donde no acabo yo de ver luz cuando, teóricamente, estamos llegando ya al final del túnel. Más allá de las operaciones de poder, de los juegos de trinos y de tronos, ¿hay alguien preparando la España de 2020, la de 2030? ¿Hemos tomado nota de lo que marcha mal para enderezarlo en esta Legislatura que ha de comenzar a funcionar cuanto antes, pese a todas las maniobras dilatorias, miopes y egoístas que entorpecen la salida de una crisis política que se enquista demasiado tiempo?

Lejos de mi ánimo colocarme en aquello de que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’; conozco pocas frases menos constructivas, más propias de la autocompasión del presente, que esa. Pero quizá algunas de esas gentes que han sido arrumbadas como –Felipe González dixit– jarrones chinos inservibles aún tendrían muchas advertencias que hacer a quienes, despreciándolos, pisan demasiado a fondo, borrachos de poder, el acelerador de sus propias ambiciones.

-Fernando Jáuregui-

Escrito por en 20 Jun 2019. Archivado bajo La Aguja.
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