La donna è mobile

Conviene no engañarse pensando que ha sido el ‘egoísmo’ de las empresas tecnológicas lo único que ha dado al traste con la mayor feria del mundo en materia de tecnología de comunicación. Ni las ganas de fastidiar a los chinos aprovechando el coronavirus. No, en este caso parece que ni Trump ni Putin tienen mucho que ver con la enfermedad que se propala con vertiginosa velocidad y facilidad, aunque no digo yo que a ambos no les gustaría meterle un dedo en el ojo al mandatario de Pekín.
Es, simplemente, que no hemos, entre todos, sabido defender suficientemente la celebración del Mobile World Congress; en primer lugar, como con Eurodisney, por la mala coordinación entre ayuntamientos y autonomías, a los que les han fallado la comunicación, las ganas y los reflejos. En otras partes del mundo se están celebrando con normalidad ferias y congresos llenos de ciudadanos chinos de la mismísima China y no pasa nada, no hay accesos de histeria colectiva, todo se resuelve con discreción y eficacia.
Me atrevo a decir que, en segundo lugar, desde el Gobierno central -de la caótica Generalitat ya ni hablamos, y de la alcaldesa Colau, tampoco- se ha agarrado tarde y mal el problema. Miraban hacia otro lado, como siempre, y les/nos pilló el virus. Porque es un Ejecutivo que aún no ha entrado a funcionar plenamente, perdido como anda en que si Ábalos estuvo quince minutos o veinte con la vicepresidenta venezolana y qué sé yo cuántas zarandajas más. Ya nos pasó con los aranceles de Trump a determinados productos agrícolas: Francia negociaba a toda vela y en el Ministerio de Exteriores español se dedicaban a preparar el fasto de la ascensión de Borrell al mandato europeo, dejando al pairo a nuestros exportadores aceiteros.
El bofetón que nos ha supuesto la cancelación del Mobile nos debería hacer pensar que la ‘donna é mobile’, la mujer es voluble, como canta el aria de Rigoletto, una de las grandes obras de Verdi. La suerte es tornadiza y hay que estar vigilantes, tanto si viene el viento de cara o a nuestras espaldas. No quiero pecar de injusto, pero me parece que, en el tema del Mobile, muchos estaban mirando al dedo y no a la luna. Y son muchos los que están esperando la oportunidad de que Barcelona falle para llevarse el importantísimo congreso a otro lado. A otro país, me refiero, no a las absurdas peleas entre Barcelona y Madrid por ver quién le arrebata más cosas a la otra. Una vez más, nos han metido un gol, como en los tiempos de Disney: quien lanzó el balón fue un puñetero virus ‘made in China’, de acuerdo; pero quien remató contra la propia portería hemos sino nosotros. Goool!
-Fernando Jáuregui-
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