La Bordadora de Sueños
La bordadora de sueños, la primera novela del jurista y almeriense de adopción Manuel Gila Puertas, quien después de una dilatada trayectoria literaria como autor de relatos y cuentos, ha escrito con un halo especial, una novela de la plenitud del amor, pero una novela romántica.
La afirmación podría ser una verdad fehaciente, notoria y pública, si no fuera porque la historia que narra magistralmente Gila Puertas está tejida con los hilos resistentes de colorido sin igual del paso del tiempo, de ese tiempo inexorable, tiempo de sacrificio, en donde convergen de igual forma, la generosidad sin límites o una visión trascendente de esa realidad a pie de calle.
Una novela editada por Círculo Rojo para leer en no más de tres horas continuadas sus 158 páginas sin perder conexión alguna con el hecho causante, siempre conectado al cordón umbilical que da voz a las silenciadas protagonistas de una época de negro ruan en nuestra historia con mujeres valerosas, que a la sombra de los restos del naufragio se convirtieron en anónimas heroínas, y con su rol fueron tejiendo con sentires humanísticos la trama invisible de las futuras generaciones, las cuales, con no poco esfuerzo y tesón, años después, fueron los valedores de un sistema de libertades y derechos.
Mujeres que tras el pedaleo al compás ruidoso de la máquina de coser y las planchas oxidadas de carbón con iluminación espacial tenue, con frío y sudores, renunciaron a sus sueños y se conformaron con mostrar a sus hijas que los sueños, como el amor, pueden convertirse esas ilusiones telúricas en realidades, en un bello lienzo.
Jacinta, Tina, Aurora, y tantos nombres más a los que podríamos poner rostro y parentesco, como fueron el caso de mis tías maternas María y Francisca Martínez Oña, son parte de esa historia silenciada en la que bullía una realidad hecha a medida de los hombres, en realidad, la viva imagen de una sociedad todavía lejos de la igualdad jurídica y social.
El amor es su faceta más generosa y casi la más egoísta; el amor y la renuncia a la felicidad para que se cumplan los sueños del ser amado. Líneas amanuenses de Gila Puertas que dan a todo el relato una impronta de aventura, tan trascedente como la vida misma.
Es la forma de un destino bordado entre punzada y punzada con paciencia y desengaños, con determinación y renuncias, y con dolor, con mucho dolor, del que deja huellas visibles y del que llena el corazón y el alma de costurones invisibles suturados con miramiento esos dobladillos sobre la tela, porque a menudo en la vida sucede al revés y nada es lo que parece, o tal vez sí y la protagonista es su alter ego con otro nombre y otra voz.
Cuando lo estaba leyendo lloré, porque vi en esas protagonistas a mis tías nombradas, Francisca y María Martínez Oña, esta última con apenas sesenta años cumplidos quedó ciega por haber estado cosiendo día y noche, noche y día, dejándose en el camino ese trocito de amor y terminando ambas, en el rescoldo de las tibiezas de una residencia.
Manuel Gila con exquisitez lingüística, con excelente sintaxis gramatical, va narrando una historia de la que también ellos son protagonistas y no precisamente secundarios. Sus palabras van perfilando la fuerte personalidad del hecho causante de la historia: Tina.
Una tapiz con una inmensidad de coloridos y entre blancos y negros, que hacen del verbo que el autor, Manuel Gila Puertas, ha ido tejiendo de forma escrupulosa y con rectitud historiográfica una narración para ir conduciendo a los ávidos lectores como una hebra no visible de una cometa en un celeste cielo azul marino del mediterráneo, para demostrarnos que también se puede encontrar la plenitud de la vida a través del amor del corazón de la persona amada sin necesidad de renunciar a ella e incluso más allá de la muerte del cuerpo, al permanecer en la espera la contrita alma.
En conclusión de la sinopsis. Una novela narrativa bien definida, estructurada, codificada, alimentada en cada una de sus esenciales partes con el alma, el corazón y la razón, lo que convergen como un cordón umbilical en el auténtico y verdadero amor inteligente con la impronta de los sentimientos más humano, más sensibles, de mayor ternura, de las personas de bien.
Podría hacer un repaso más extenso, pero no lo necesita por llevar implícito un halo literario, pero indicarle, que determinados momentos de su lectura, especialmente en las primeras páginas con matices de un real dramatismo, afloraron lágrimas, las cuales se mantuvieron rociando mis ojos con esos sentires narrados a lo largo de la lectura del hilo conductor del centenar y más número de páginas amanuénsemente escritas.
Muchos de los elementos que hace mención me he identificado con ellos, siéndome muy cercanos determinadas vivencias expuestas con exquisito rigor historiográfico y fácil comprensión para que los latidos del corazón permanezcan atentos, paso a paso, para hacerse operativa la frase: …bellos hilos dorados un gran sol que recupere el verano perdido y apacigüe la naturaleza humana.
Nací entre agujas y dedales y me dejó esa impronta; muchas gracias, mi humilde gratitud por su generosa confianza.


