Indemnizar a la asesina.

Los que no van al psiquiatra ni pierden la serenidad son los valientes componentes del Tribunal de Estrasburgo a los que, por cierto, nunca les han puesto una bomba, ni han tenido que recoger los despojos de un hijo, de un padre, de un marido, de un hermano, porque el Tribunal de Estrasburgo es un lugar muy seguro y, desde ahora, mucho más, y nadie se imagina que un valiente gudari vasco les vaya a poner una bomba. Otra cosa es que alguien se acerque por allí y se cague en sus muertos, cosa que yo, que me creo persona civilizada y razonable, haría inmediatamente si algunos de los sanguinarios asesinos que van a salir de la cárcel me hubiera asesinado a un hijo o a una hija. Ellos, desde luego, se han ciscado en más de un centenar de muertos y de mujeres violadas, porque los asesinos y los violadores -¡más de un centenar!- saldrán de la cárcel, mientras el MAVA (Mariachi de Amigos de los Vascos Asesinos) brindará públicamente sin que al Ministerio de Interior se le mueva una ceja, porque vamos a ver: si hay que indemnizar a los asesinos ¿qué más da que lo celebren sus exaltadores?
Por cierto, además de indemnizar a esta sanguinaria, inicua y feroz asesina -un mero ejemplo de los brutales sicarios que van a salir a la calle- también pagamos los contribuyentes españoles, en la parte que nos corresponde, los sueldos de los componentes de este compasivo tribunal que no tiene ni una pizca de compasión por los muertos y por quienes les lloran y, hoy, sienten un escupitajo en la cara proveniente de Estrasburgo.
-Luis del Val-







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