En misa y repicando

La batería de gasto público, de subsidios, de nuevos organismos o de impuestos, algunos en contra de una de sus prioridades como la tasa tecnológica. No se puede decir que España va a liderar la revolución y luego clavarles, sin acuerdo europeo, un impuestazo. No se puede hablar de nuevas tecnologías por un lado y por otro hacer todo lo posible para acabar con ellas o invitarlas a que se vayan a otros países. Para qué hablar de volver a subir de forma espectacular el SMI, con las consecuencias que ya se están viendo de la anterior subida -y las que van a venir- o la intervención del mercado de la vivienda, que sólo ha cosechado fracasos allí donde se ha llevado a la práctica, y como le están advirtiendo todos los expertos del sector.
Después, si entramos en el capítulo de la pobreza o la exclusión, donde las cifras se manejan de forma torticera y engañosa, te das cuenta de la demagogia y del chorro de dinero público prometido y que sale de los bolsillos de los ciudadanos. La idea no es sacar a esas personas de situaciones complicadas facilitando la creación de empleo y su formación. No, la idea es subsidiarles para que se conviertan en votantes, si no súbditos agradecidos, aunque nunca salgan de esa situación.
La economía española está viviendo de la inercia que en los últimos años ha proporcionado básicamente el sector exportador. El crecimiento es un tercio menor que hace apenas un año, el paro en junio cerró el peor registro en ese mes en diez años y los cotizantes, el peor en cinco años. Hay numerosos indicadores bajando o directamente en negativo. España necesita reformas de calado. Y Sánchez, ya no digamos, Iglesias, están en todo lo contrario.
-Carmen Tomás-






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