El país en el que los ministros no se hablan con los ministros

Porque, un par de horas después, rectificación al canto: que la apertura de fronteras será el 1 de julio, como se pensaba, sin confirmaciones oficiales, antes de que la señora Maroto diese la ‘exclusiva’ a los periodistas extranjeros. Adiós a las ilusiones y preparativos de los ‘tour operadores’, del sector de la hostelería y a las esperanzas de tantos particulares que, por diversos motivos, necesitan pasar cuanto antes a algunos de los dos países vecinos. Por poner un ejemplo, no de los más acuciantes, uno, incluso, siempre crédulo, ya había empezado a preparar un urgente viaje a París, para conocer al nieto nacido en la capital francesa hace dos meses y medio. Pues no. Frenazo.
La inseguridad jurídica más rampante se enseñorea de España. El caos mental en el que vivimos, en el que ya muchos ni sabemos cuándo podremos viajar a provincias limítrofes, y no hablemos ya de Ertes, negocios, colegios, universidades, viajes profesionales, es casi absoluto. Se comprende que el maligno virus propicia la mayor parte de esta inseguridad, eso es cierto. Y la falta de transparencia y de pericia del Gobierno bisoño y mandón hace el resto: ya ni el BOE es refugio seguro de seguridades y certezas.
Pero ¿de qué certezas hablamos, cuando ni sabemos de verdad cuántos muertos nos ha arrebatado la pandemia? Hasta la OMS dice sobre esto cosas diferentes a nuestro Fernando Simón. Incluso eso se nos ha caído, junto con las instituciones, la separación de poderes, la Guardia Civil, la verdad oficial y oficiosa y hasta el derecho al pataleo, que ahora se identifica, desde las instancias paramonclovitas, con lo cavernario.
Yo creo -sé- que hay bastantes ministros que no se hablan con bastantes ministros, no porque se lleven mal -que algunos también–, sino porque esto se está convirtiendo en el ejército de Pancho Villa: los ministros tiene instrucciones de estar presente en los medios, copar micros y pantallas para que no lo hagan los de la oposición -bastante despistados, por cierto, en esto y en otras cosas–; pero, en el marasmo, no tienen tiempo para coordinar mensajes. Y como esa coordinación, con una Carmen Calvo con sus facultades aún algo retenidas por las secuelas de la enfermedad, simplemente no existe, cada cual dispara a su aire.
Y entonces, ya vemos: espere usted antes de organizar su viaje a un país vecino, que la cosa es móvil. Como todo, por lo demás, en esta España nuestra. El caso es que esta marcha adelante y atrás del Ministerio de la señora Maroto ha dado aún una mejor noticia a mis compañeros de medios extranjeros, que últimamente lo están pasando bomba en España: noticias y contra-noticias que comentar no les faltan, no.
-Fernando Jáuregui-
