¡Cuidado!

Todo esto forma parte de la manera de relacionarnos los unos con los otros, de manera que cuando se han relajado las normas del confinamiento muchos han salido a la calle como potros desbocados.
Hay jóvenes que se creen inmortales y quedan para hacer «botellón» e incluso organizan fiestas semi clandestinas. Pero también hay adultos que no dudan en quedar con amigos para verse y no guardan la distancia pertinente.
No les digo lo que suele suceder en los supermercados donde hay personas que no les entra lo de mantener la distancia de dos metros. Van a lo suyo y si les indicas que por favor guarden la distancia te pueden responder con un corte de mangas.
Es decir que si bien hemos aceptado sin rechistar el confinamiento parece que ahora nos va a costar más seguir las normas durante la mal llamada «desescalada».
Pero me parece a mi que no tendría que hacer falta tener que decretar ningún «estado de alarma» si simplemente fuéramos capaces de actuar con responsabilidad individual siguiendo las directrices que en cada momento puedan marcar las autoridades sanitarias. Tendría que ser innecesario que la policía tenga que ir poniendo multas porque hay ciudadanos que no actúan responsablemente poniéndose en peligro y poniéndonos en peligro a los demás. Claro que también hace falta que las normas sean claras.
Por ejemplo no nos terminan de aclarar si es estrictamente necesario llevar mascarilla y guantes. Y sin embargo parece de sentido común que debería de ser así al menos en todos los lugares cerrados.
Sin duda es incomodo llevar el rostro cubierto por una mascarilla pero es lo que mejor puede ayudarnos a protegernos del contagio.
Sí, todos estamos ansiosos por recuperar nuestras vidas allí donde las dejamos, por abrazar a tus hijos, a tus sobrinos, a tus hermanos, a tus amigos. Añoramos pasear, viajar, por hacer todo lo que antes nos era cotidiano. Sí, tenemos que ir recuperando nuestra vida pero sabiendo que el maldito coronavirus continua habitando entre nosotros y es un enemigo traicionero que aguarda la oportunidad de atacarnos. De manera que ¡cuidado!.
-Julia Navarro-







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