Aún nos harán creer que es bueno repetir elecciones

Es tanta la perversión de los conceptos políticos en España que algo que hace no mucho parecía deseable, un gobierno de coalición, se ve ahora como indeseable, lo peor. Y es que se ha dado la vuelta a lo que una coalición pudiera tener de enriquecimiento de programas políticos y cooperación de ideas para convertir el concepto en una especie de juego de poder, en el que se reparten cargos e influencias a cambio de apoyos. Si alguna vez la política significó una idea romántica de servicio a la colectividad, ya está por completo olvidada.
Abandonada ya cualquier esperanza de que las fuerzas políticas reculen y abjuren de sus errores, contradicciones y ambiciones personalistas, todo parece indicar que una eventual investidura exitosa de Pedro Sánchez solamente se lograría a cambio de cesiones a unos y otros, pactos inconfesables, ministerios obtenidos con fórceps por quienes solo quisieran pisar moqueta. Comprendo que, así, algunos piensen que más valen unas nuevas elecciones, que por cierto convendrían sobre todo –dicen las encuestas_-al PSOE, que otorguen una mayoría suficiente a quien sea encargado por el Rey para formar gobierno.
En estas batallas, cunde la sensación de quien más pelos se deja en la gatera son las formaciones llamadas emergentes, es decir, Podemos, Vox y, en alguna medida, también Ciudadanos. Resulta difícil desprenderse de la idea de que los tres partidos, tan distintos y distantes, han cometido casi todos los errores que les cumplían, y que ello tendría, de celebrarse ahora las elecciones, una traducción en el rechazo del electorado. Lo cual no quiere decir, claro, que socialistas y ‘populares’, el antiguo ‘bipartito’, no se estén equivocando. Y no poco, por cierto.
No importa: ellos creen que se les perdonará todo. Lo del ‘no es no’, lo de Navarra, lo de Murcia, lo de Madrid, lo de tantos y tantos lugares donde el pacto ha sido más bien espurio, donde no se ha permitido que gobierne el más votado. Creen que el electorado olvidará los oportunismos, el nulo valor de la palabra dada, las ocurrencias. Todos creen -dicen creer, que no es lo mismo_contar con el apoyo de ‘los suyos’. Si hay elecciones en noviembre, alguno/s sabrá/n que se engañan y nos engañan: la cuerda se está tensando demasiado. El mapa partidario va a cambiar, tendría que cambiar.
Y, sin embargo, me parece que el país, la imagen de España, se resentiría teniendo las cuartas elecciones generales en cuatro años. Pienso que un pacto para dejar gobernar al más votado, sometido, eso sí, a hipotecas y condiciones programáticas, sería mucho más razonable, barato y operativo: demasiadas cosas, desde los servicios secretos a RTVE, pasando por el poder judicial y muchas reformas pendientes, están ya estancadas, dispuestas a exigir un elevado precio por tanto descuido y demora. No entendería que lo que nos viene, desde las sentencias contra los políticos catalanes secesionistas hasta un giro importante en la coyuntura mundial, nos sorprenda aún con un Gobierno en funciones, es decir, funcionando a medio gas, porque su máxima obsesión es la de consolidarse y nada más.
No, no podemos esperar a febrero. Ni hasta septiembre, si me apuran. Deberíamos tener un Gobierno, un Gobierno lo más parecido a lo que los ciudadanos merecemos, ya este mes de julio. Lo otro es, simplemente una locura.
-Fernando Jáuregui-






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