Arenas… de Iwo Jima
La democracia está mediatizada en tres sitios: País Vasco, Cataluña y Andalucía. En el País Vasco, por el miedo; en Cataluña, por la lengua; y en Andalucía, por el caciquismo. Votar sigue exigiendo valor en la jungla de txapelas de Guipúzcoa; la lengua sigue siendo un arma política en Cataluña –como ha demostrado el TSJC–; y el caciquismo lleva 30 años perpetuando la estampa del peón que se descubre ante el jinete y del beneficiado por los ERE falsos dando inquebrantables muestras de adhesión a los nuevos caudillos.
Eso explica la contumacia de esas tres regiones ante la alternancia (cuando PSE y PSC han llegado al poder se han mimetizado de nacionalismo vasco y catalán respectivamente). Y que en Andalucía le estén saliendo telarañas en los dedos a Arenas para asaltar el cortijo, a pesar de la montaña de corrupción. Cualquiera termina con tres décadas de clientelismo, por más que la juez Alaya descubra carcoma en el Palacio de San Telmo. Cualquiera convence a los espectadores de Canal Sur de que los señoritos ya no son la derecha, sino Chaves, Griñán y Zarrías, que han sustituido la jaca por el coche oficial.
Eso explica también que en lugar de ser un paseo militar, la campaña del PP parezca la batalla de Iwo Jima. Y que no sea descartable que se quede sin mayoría absoluta. Si simplemente la roza e IU sube de 6 a 10 escaños –según el último sondeo del CIS–, los socialistas pueden seguir en la Junta aliados con el partido de Lara. La subida de IU se explica por el trasvase de voto socialista y por el espantajo del miedo a la derechona que esgrimen los antiguos comunistas. Una indeseable pinza que perpetuaría el neocaciquismo de los últimos 30 años. ¿Se imaginan el PSOE reforzado en el Palacio de San Telmo y con IU haciéndose con alguna consejería ideológica como Educación –droga dura–? Yo de Arenas no me fiaría ni un pelo.
