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Al feminismo radical basta dejarlo cocerse en su propia salsa

No hay nada peor para cualquier causa, por buena y justa que pueda parecer, que traspasar las líneas rojas de la sensatez, la moderación y la razón, para entrar en el dominio de lo ridículo.

Cada vez estamos más convencidos de que, esta batalla que están librando las feministas a nivel mundial, adolece de histerismo, apresuramiento, mala planificación y, si nos permite la expresión, de un alto nivel de revanchismo que, en ocasiones, llega a resultar tan evidente, tan exagerado y tan absurdo, que sobrepasa los límites de lo permitido en la defensa de cualquier causa intrínsecamente justa y razonable, para entrar a formar parte, como les ha sucedido a los gais y lesbianas con su empeño en salir a las calles para celebrar esta horterada que ellos se empeñan en denominar “Día del orgullo gay” cuando, en realidad, no deja de ser una muestra de mal gusto, del exhibicionismo rayano en pornografía, de inapropiadas desnudeces y de procaces gestos, actitudes y canciones del peor muestrario de cutrez imaginable.

Ya la ministra de Igualdad del señor Zapatero, señora Aido, acuñó para la posteridad aquella muestra de cómo una ministra que se equivoca públicamente al emplear un vocablo inapropiado ( recuerden aquella distinción entre : miembros y miembras, un asesinato contra nuestro diccionario de la RAE) y, en lugar de rectificar, como hubiera sido razonable que hiciera, no quiso “enmendallo” y optó por “sostenello”, intentando aparentar que era una manera de protestar por la falta de empleo de palabras femeninas para cada caso, sustituyendo aquellas expresiones que abarcan los dos géneros por la feminización, en la mayoría de casos forzada y absurda, de todas ellas. La Real Academia de la Lengua no parece estar muy de acuerdo con semejantes propuestas pero, vayan ustedes a saber lo que puede llegar a suceder si, como estamos viendo, cada día que pasa nos lleva a nuevos motivos de asombro ante la serie de ocurrencias que, este feminismo radical y recalcitrante, ha decidido proponer para intentar meter con calzador, a todo varón que se intente resistir, en la horma con la que intenta sojuzgarlo.

Fíjense ustedes en el truco con el que la señora de Iglesias, doña Inés Montero, pretende conseguir arrastrar hacia su partido que, según las encuestas, está en horas bajas, a todas aquellas mujeres que han decidido declarar la guerra al género contrario; simplemente porque, ahora, en pleno Siglo XXI, se han percatado de que esto de tener hijos, cuidarlos, educarlos, preocuparse por sus problemas, vigilar su adolescencia e interesarse por sus inquietudes, no era una función que les permitiera realizarse “como mujer” y, en consecuencia, decidieron que ahora tocaba ocupar el espacio varonil, algo que algunas, que se lo tomaron más en serio, decidieron ocupar el lugar reservado al varón en la pareja y otras, más atrevidas, optaron por cambiar de sexo para que no hubiera duda del rol de cada uno en la familia.

Volviendo al tema de la señora Montero, y sus añagazas para atraer a las mujeres al cubil feminista de Podemos; ha decidido que, en sus intervenciones en los mítines que viene realizando, no citar al género opuesto y siempre se refiere a “nosotras”, con lo que excluye a una parte importante de la ciudadanía, la que corresponde a la parte masculina de la sociedad que, por lo visto, a esta bolivariana de adopción no le cae muy simpática, incluida la de aquellos despistados que acudan a escucharla. Claro que mucho nos tememos que todas estas exageraciones, descalificaciones, falta de conocimientos históricos y de lo que fueron las diversas culturas por las que ha ido trascurriendo la historia de la humanidad, valorándolas según las circunstancias de cada época y no queriéndolas juzgar desde una perspectiva de nuestros tiempos, de lo que han sido los cambios que la humanidad ha experimentado durante los últimos años lo que, sin duda, ha cogido con el pie cambiado a muchos de los miembros de nuestra propia generación.

Pero estos días, culminando lo que ha venido siendo una serie de mamarrachadas inventadas por este feminismo incapaz de reflexionar sobre la serie de despropósitos que, al parecer, se les ocurren a algunas de sus más desocupadas “miembras”, como ha sido el caso de la “comisión de género de la escuela Taber, de Cataluña” que, ¡pásmense ustedes!, han decidido retirar unos 200 libros de parvulario por “contener historias tóxicas desde el punto de vista de género”. Pero, lo verdaderamente espeluznante que hace que nos fijemos en esta noticia, es lo que para estos señores constituyen estas terribles historias tan peligrosas para los párvulos. Júzguenlo ustedes, los libros tóxicos que se van a retirar son, entre otros, la “Caperucita roja”, la “Bella Durmiente”, la “Leyenda de San Jorge” etc. Todos ellos han sido considerados como sexistas, machistas y peligrosos por lo que puedan influir negativamente en la mente de estos párvulos que pueden quedar “contaminados” por el “machismo” que se encierra en estas historias centenarias que, hasta ahora, a nadie se le hubiera pasado por la mente que el Lobo Feroz que pretendía merendarse a Caperucita y antes a la Abuelita, fuera un ejemplo de un violento violador con intenciones libidinosas respecto a la pequeña protagonista de la historia. Tampoco a nadie, ni remotamente, se le hubiera podido ocurrir que, detrás de la historia de la bella durmiente, su insufrible madrastra y el príncipe azul que la despertó con un casto ósculo en la frente, se escondiera una obscena narración de enanos salidos, de abusos y de un príncipe aprovechado que besó a la Bella sin ¡haberle pedido permiso a la que estaba durmiendo, para darle el beso que la despertó! ¿Cómo han podido pasar tantos años sin que nadie se enterara de la maldad que se escondía detrás de todos estos cuentos, que han pasado por generaciones y generaciones de niños a los que, con toda seguridad estas “tenebrosas” historias los han dejado marcados para toda su existencia. ¡Inimaginable!

Y nos preguntamos si, estas son las que quieren tomar el relevo de los hombres; las que se encuentran menospreciadas y las que todavía, pese a que siguen consiguiendo ir alcanzando todas las cotas del poder, siguen creyendo que no algunas, no unos miles ni unos millones de ellas ya están ocupando puestos de responsabilidad en todo el mundo, porque, al parecer pretenden que sean, todas ellas, las que se merezcan estar por encima de los hombres, y esto teniendo en cuenta que algunas de ellas, como la señora Anna Lladó, miembro de la citada comisión de la Escuela Taber, entienden que los cuentos infantiles a los que nos hemos referido: “reproducen roles que los niños pueden naturalizar “o, como añadió a continuación, “contiene estereotipos que pueden acabar creando violencia machista”, demostrando con ello lo lejos que algunas féminas pueden llegar en sus elucubraciones irracionales, buscando en lo más inocente, lo más ejemplar, los motivos más aleccionadores de lo que deben ser los comportamientos humanos ante el mal, como son los que contienen estas historias que se quieren eliminar de las bibliotecas infantiles, enseñan a sus lectores infantiles; una insana obsesión que la lleva a buscar mal donde no lo hay y censura en aquello que solo merece ser divulgado, tal y como ha ocurrido, sin ninguna sombra de duda ni la menor prevención por todos los pedagogos que los han considerado como narraciones inocuas y ejemplares.

Mucho nos tememos que están empezando a existir motivos de grave preocupación respecto al comportamiento de algunas ramas del feminismo, que parece que van perdiendo el sentido de la mesura, del sentido común y de la ética del comportamiento que las induce a propasarse, crear faltos tabúes e inventarse moralinas de tipo feminista y, lo que aún es peor, ver el mal en cualquier proceder en el que puedan creer que el varón intenta interferir en sus derechos como mujer. De ahí a la neurastenia sólo hay un paso y sería muy conveniente que la sociedad empezara, a la vista de hechos como el al que nos hemos referido, a tomar conciencia de que los legítimos derechos que puedan corresponderles a las mujeres y que nadie puede negarles, no implican necesariamente que cualquier grupo feminista, organización política en defensa de las mujeres o secta reivindicativa del derecho de la mujer, pueda convertir su cruzada en un ataque directo contra el sexo opuesto, basado en argumentos tan absurdos, insostenibles y humillantes como el de este grupo de insensatos, inquisidores del Siglo XXI y visionarios que han sido capaces de ver maldad en aquello que no son más que unos inocentes, entretenidos y adecuados entretenimientos para niños que son incapaces de sacar unas conclusiones tan desnortadas, resabiadas y perversas como las que han inducido a estos señores, incapaces e ineptos para ocupar el puesto que tienen asignado en esta comisión de género, encargada por velar por las lecturas que puedan leer unos párvulos a los que, sin argumento alguno que avale sus obtusas conclusiones, se atreven a pontificar sobre las posibles influencias, de tipo machista, que de tales historias pudieran derivarse sobre las mentes de algunos niños que, posiblemente, estén aun aprendiendo a leer.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, en esta ocasión nos encontramos ante unos hechos increíbles que nos hacen pensar que, entre las personas que presuntamente tienen funciones en las que debería de ser requisito fundamental la cordura, la seriedad, la prudencia y el sentido común, existen muchas que, posiblemente, ocupan cargos que les vienen anchos, no sabemos si ganados por oposición o, simplemente, han sido designados a dedo por algún partido político, pero que, visto lo visto, nos llevan a sospechar que estamos en manos de personas incapaces; malintencionadas; de ideas tóxicas (justamente como lo que ellos atribuyen a los contenidos de los cuentos que han decidido declarar que perjudican a los párvulos inculcándoles ideas machistas) y, seguramente, con ganas de hacerse publicidad jugando a provocar polémica sobre un tema que nunca debería haber sido objeto de controversia. Pero la sociedad cambia y, personalmente, tengo la impresión de que, no para bien.

-Miguel Massanet-

Escrito por en 14 Abr 2019. Archivado bajo Entre el cielo y el infierno.
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